Desde el principio, Dios ha establecido una diferencia entre lo que es suyo y lo que pertenece al mundo. Esta separación se ve en la forma en que Dios estableció el santuario en el desierto, apartándolo para su uso exclusivo, y luego dio instrucciones específicas a Moisés y a los israelitas para que construyeran un tabernáculo similar. De esta forma, Dios puso de manifiesto que él habita entre su pueblo y que éste es diferente del mundo en el que vive.
Qué dice 1 de Juan 2 15
En su primer capítulo, Juan da el motivo de su escrito: para que sus lectores «tengan vida eterna» (v. 25). En el segundo capítulo, Juan comienza a dar instrucciones para vivir en obediencia a Dios. En primer lugar, Juan llama a los cristianos a vivir en santidad, es decir, a separarse del pecado. «Así que, si alguno tiene suciedad en la ropa, que la lave. Y el que esté sucio y no lave su cuerpo, también será excluido del banquete» (v. 7-8). En segundo lugar, Juan llama a los creyentes a vivir en amor. «El mandamiento que tenemos de él es: “El que ama a Dios, ame también a su hermano”» (v. 21). Esto es esencial para la vida cristiana, porque «el que no ama permanece en muerte» (v. 14). En tercer lugar, Juan llama a los creyentes a vivir en obediencia a la verdad. «Pero todo el que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro» (v. 3). Juan también instruye a los cristianos a no amar al mundo ni a las cosas del mundo. «El que ama al mundo, no ama a Dios. Porque todo lo que hay en el mundo —la pasión de la carne, la pasión de los ojos, y el orgullo de la vida— no viene del Padre, sino del mundo» (v. 15-16).
Qué dice en Romanos 12 2
Romanos 12:2 nos dice que debemos «renunciar a toda forma de malicia y de toda clase de engaño, hipocresía, envidias y todas las formas de maledicencia».
En otras palabras, debemos abandonar todas las actitudes y acciones malvadas, y vivir en sinceridad, humildad y bondad. Debemos dejar de lado todos los envidios y resentimientos, y concentrarnos en ser buenas personas que hacen el bien.
Qué nos dice Juan 15 13
«El amor de Cristo nos constriñe»
Juan 15:13 dice: «Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos».
Esta es una de las muchas Escrituras que nos hablan del amor de Cristo. En Juan 15:13, vemos que el amor de Cristo es tan grande que está dispuesto a dar su propia vida por nosotros.
¿Qué significa esto para nosotros? Significa que el amor de Cristo es tan grande que está dispuesto a morir por nosotros. Esto es algo que nadie más puede hacer por nosotros. Solo Cristo puede dar su vida por nosotros.
¿Por qué Cristo hizo esto? Lo hizo porque nos ama. Él nos ama tanto que estuvo dispuesto a dar su vida por nosotros.
¿Cómo podemos responder al amor de Cristo? Debemos amarlo también. Debemos amarlo con todo nuestro corazón, mente y alma. Debemos amarlo con todas nuestras fuerzas.
¿Cómo podemos mostrar el amor de Cristo a los demás? Debemos tratar a los demás como Cristo nos trata a nosotros. Debemos amar a los demás como Cristo nos ama. Debemos ser amables, compasivos y serviciales. Debemos hacer todo lo posible para ayudar a los demás.
El amor de Cristo nos constriñe a amarlo y a amar a los demás. Debemos dejar que el amor de Cristo fluya a través de nosotros y llegue a los demás.
¿Cuáles son las cosas de este mundo según la Biblia?
La Biblia enseña que este mundo y todos los que en él habitamos fuimos creados por Dios (Génesis 1:1, Salmos 100:3, Lucas 17:21). Él es el único que tiene el control de todo (Proverbios 16:33). Aunque el mundo y todo lo que hay en él son buenos (Génesis 1:31), están destinados a ser destruidos porque han sido contaminados por el pecado (2 Pedro 3:10-12). La mala noticia es que, como el mundo está bajo el dominio del pecado, todos los que habitamos en él estamos condenados a morir (Romanos 3:23). La buena noticia es que Dios envió a su Hijo, Jesucristo, para salvarnos del pecado y de la condenación eterna (Juan 3:16). Si aceptamos a Jesús como nuestro Salvador, podemos tener la seguridad de que nuestra vida eterna está asegurada (Juan 10:28-29).
La Biblia nos enseña que estamos en el mundo, pero que no somos del mundo. Debemos tratar de vivir de acuerdo a los principios de Dios, y no imitar el pecaminoso mundo a nuestro alrededor.
