La Voluntad de Dios es Vuestra Santificación

La santificación es el proceso mediante el cual Dios nos aparta del pecado y nos hace aptos para su servicio. La voluntad de Dios es que todos los creyentes sean santificados. ¿Pero qué significa ser santificado? La santificación tiene que ver con la separación. Separación del mundo y de las cosas del mundo, y separación para Dios y para su servicio. La santificación nos lleva a una vida de pureza, de obediencia y de consagración a Dios.

Qué significa la voluntad de Dios en la Biblia

La voluntad de Dios es uno de los temas más importantes en la Biblia. La voluntad de Dios es la manera en que Dios quiere que vivamos nuestras vidas. Dios nos ha dado un libre albedrío, por lo que podemos elegir vivir de acuerdo a su voluntad o no. Vivir de acuerdo a la voluntad de Dios nos llevará a la vida eterna en el cielo, pero si elegimos vivir de acuerdo a nuestra propia voluntad, estamos escogiendo el camino del pecado y de la muerte.

La voluntad de Dios es perfecta, y él nos ama con un amor perfecto. Dios quiere que todos nosotros vivamos de acuerdo a su voluntad, pero sabemos que no todos lo haremos. Aunque Dios nos ha dado libre albedrío, él nos guía y nos ayuda a tomar las decisiones correctas. Dios nos ha dado su Palabra, la Biblia, para que podamos conocer su voluntad. También nos ha dado el Espíritu Santo para que nos ayude a vivir de acuerdo a su voluntad.

Si vamos a vivir de acuerdo a la voluntad de Dios, debemos buscarla activamente. Debemos leer la Biblia y orar para que Dios nos guíe. También debemos rodearnos de otros cristianos que viven de acuerdo a la voluntad de Dios. Esto nos ayudará a mantenernos en el camino correcto.

La voluntad de Dios es que vivamos una vida de amor, de paz, de perdón y de esperanza. Dios nos ha dado todo lo que necesitamos para vivir de acuerdo a su voluntad. Debemos confiar en él y seguir su camino.

Qué dice 1 Tesalonicenses 4 3

1 Tesalonicenses 4 3 dice: «Porque esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación; que os apartéis de fornicación; 4 que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor; 5 no con pasión de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios; 6 que en este asunto nadie os ofenda ni explote a nadie en ningún modo; porque el Señor es vengador de todo, como ya os hemos dicho y testificado. 7 Porque no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación. 8 Así que, el que rechaza esto, no rechaza a un hombre, sino a Dios, quien os ha dado su Santo Espíritu. 9 En cuanto al amor fraternal, no tenéis necesidad de que nadie os escriba, porque vosotros mismos habéis aprendido de Dios a amaros unos a otros; 10 y lo hacéis así con todos los hermanos que están en toda Macedonia. Pero os rogamos, hermanos, que abundéis más 11 y que procuréis vivir tranquila y ocuparos en vuestros propios asuntos y trabajar con vuestras propias manos, como nos ordenasteis; 12 para que os conduzcáis dignamente para con los de afuera y para que no tengáis necesidad de nada».

Qué es nuestra santificación

La santificación es el acto de separarnos para Dios, de purificarnos de todo pecado y de ser consagrados a Su servicio. Implica un cambio de actitud y de comportamiento, de tal forma que nuestras vidas reflejen la santidad de Dios.

La santificación es un proceso que comienza cuando aceptamos a Jesús como nuestro Salvador. Él nos limpia de todos nuestros pecados pasados, presentes y futuros, y nos otorga Su Espíritu Santo. A partir de este momento, comenzamos a caminar en santidad.

La santificación requiere de nuestra parte un esfuerzo continuo y constante de dejar el pecado y seguir a Cristo. Debemos permitir que el Espíritu Santo nos guíe y nos transforme, de tal forma que vayamos cada vez más pareciéndonos a Jesús.

La santificación es un proceso que durará toda nuestra vida, pero que tendrá su cumplimiento cuando estemos unidos a Cristo para siempre en la gloria.

¿Qué dice la Biblia acerca de la santificación?

«Santificaos, pues, vosotros también, porque estáis llamados a ser santos. Porque dice: ‘Yo soy santo, porque vosotros sois santos'» (1 Pedro 1:15-16).

«Porque él os ha llamado a esto, para que vosotros también os santifiquéis en vuestra manera de vivir. Por tanto, sed santos en todo lo que hagáis, porque yo, el Señor, soy santo, y yo os he llamado a vosotros a vivir de una manera santa» (Levítico 11:44-45).

«Santifiquen, pues, a Dios el Señor en sus corazones, y estén siempre preparados para presentar defensa a todos los que les pidan razón de la esperanza que hay en ustedes, pero con gentileza y respeto» (1 Pedro 3:15).

«Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la deidad, y ustedes han sido hechos participantes de él mediante el Espíritu Santo que habita en ustedes. Así que, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. Lo viejo ha pasado; ¡ha llegado lo nuevo!» (2 Corintios 5:17-18).

«Ya no vivan ustedes conforme a los criterios del mundo, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán discernir cuál es la voluntad de Dios, lo bueno, lo agradable y lo perfecto» (Romanos 12:2).

«Porque el propósito de la ley era llevarnos a Cristo, a fin de que fuéramos justificados por la fe. Pero ahora que hemos llegado a la fe, ya no estamos bajo el dominio de la ley» (Gálatas 3:23-25).

«Ya que fuisteis liberados de la esclavitud del pecado, habéis sido hechos esclavos de la justicia» (Romanos 6:18).

«Porque si ustedes viven de acuerdo a la carne, morirán; pero si por el Espíritu hacen morir las obras de la carne, vivirán» (Gálatas 5:16).

«Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad» (Filipenses 4:8).

«Por esta razón, santifiquen en su mente a Cristo como Señor. Estén siempre preparados para presentar una defensa a todos los que les pidan una razón de la esperanza que hay en ustedes» (1 Pedro 3:15).

«Porque Dios es nuestro Salvador, y se propone santificar a todos los hombres. Por consiguiente, proclamad y enseñad estas verdades» (1 Timoteo 2:3-4, NVI).

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